¿Sientes que tu cabeza nunca se apaga? ¿imaginas cien escenarios distintos para cada cosa? ¿te cuesta conectar con sensación de calma? Es posible que estés experimentando síntomas de ansiedad.
La ansiedad no solo se nota a nivel físico con los síntomas que popularmente conocemos (presión en el pecho, dificultades para respirar, palpitaciones…), sino que también se manifiesta a nivel cognitivo o mental, mediante pensamientos catastróficos con contenido negativo (rumiaciones).
Muchas veces, cuanto esto nos sucede, intentamos racionalizar y ver las cosas de otra manera. Sin embargo, eso hace que nos acabemos metiendo en otro flujo de pensamiento.
Por ejemplo, María piensa: “¿y si mi pareja me deja?” y se responde, “no hombre, estamos bien, no me ha dicho nada de que le pase algo”, “ui, pero ayer estaba serio durante la cena. ¿y si dije algo que le molestó?”, “no, creo que no dije nada malo”, “¿pero y si fue por lo del otro día?”. Y así, María podría seguir rumiando nuevas posibilidades infinitamente. Es lo que tienen los “y si…”, que son infinitos.
Hay momentos en los que racionalizar sí puede ser una estrategia útil, pero si al hacerlo entramos en un nuevo bucle, quizás no sea la herramienta que necesitamos en ese momento.
Solemos creer que esos pensamientos negativos son los que nos producen la ansiedad, cuando realmente suele ser al contrario, precisamente porque estamos en un estado de ansiedad, sobrepensamos.
Por ese motivo, a veces es importante preguntarnos QUÉ nos está generando este estado.
Por ejemplo, en el caso de María, es posible que lo que hay debajo de su ansiedad sea un miedo al abandono de su pareja. Y desde ese miedo, nacen todas esas preocupaciones. María podría preguntarse qué necesita ella para sentirse más segura en su relación, o bien trabajar en las experiencias vividas que le han hecho sentir ese miedo al abandono.
No existe una forma de que nuestro cerebro deje de pensar o “se apague”. Podemos imaginar la mente como una radio que está encendida todo el rato sin que podamos apagarla. Sin embargo, lo que sí podemos elegir es qué tipo de atención le prestamos a esa radio.
En resumen, el objetivo no es dejar de pensar, sino cambiar la forma en la que nos relacionamos con nuestros pensamientos.
Cuando las rumiaciones ocupan gran parte de tu día, cuando aparecen sin causa aparente o bien cuando provocan interferencias importantes en tu vida (afectando a tu salud, tu trabajo, tus relaciones, etc.).

Cristina López
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