Cómo poner límites sin culpa

La capacidad de poner límites es fundamental para tener relaciones saludables y equilibradas. Además, juega un papel muy importante tanto en nuestra autoestima como en nuestro bienestar emocional. 

Sin embargo, a veces sucede que o bien no sabemos poner esos límites o bien los ponemos pero sentimos culpa tras hacerlo. 

¿Qué significa poner límites?

Nuestros límites son aquello que marca lo que queremos aceptar y lo que no. Nos ayudan a proteger nuestros deseos y necesidades. Algunos ejemplos son:

  • Decir que no a un favor que no puedes asumir.
  • Expresar las cosas que te hacen sentir mal o incómoda.
  • Rechazar un plan que no te apetece.
  • Manifestar tus necesidades.

¿Por qué me cuesta poner límites?

La dificultad para poner límites puede venir de muchos sitios. Por ejemplo:

  • Haber crecido en un entorno en el que tus necesidades no eran escuchadas.
  • Haber vivido en un entorno hostil en el que «no dar problemas» era la única forma de mantenerte a salvo.
  • Miedo intenso al abandono en las relaciones a raíz de experiencias de rechazo o maltrato.
Si tenemos tendencia a ser complacientes es porque probablemente en alguna etapa de nuestra vida haya sido algo necesario.

¿Por qué siento culpa al poner límites?

La culpa puede venir de las frases que hemos escuchado desde pequeños: «no seas egoísta», «primero van los demás», etc. Este tipo de frases nos hacen asociar el autocuidado con el egoísmo.

Por otro lado, la culpa también puede ser fruto de nuestra propia historia de aprendizaje. Por ejemplo:

  • Si cada vez que poníamos límites alguien a nuestro alrededor nos decía «eso es que no me quieres lo suficiente» o «yo por ti lo haría», también podemos haber crecido con la idea de que decir que no es algo malo.
  • Si nuestras figuras de referencia no ponían límites ni priorizaban sus propias necesidades, es posible que imitáramos ese patrón, interiorizando que mirarse a uno mismo no era lo correcto.

Poner límites no es ser egoísta

Poner límites no es mirar solo tus propias necesidades e ignorar las de los demás. Eso SÍ sería egoísmo.

Poner límites de forma saludable es tener en cuenta las necesidades y deseos del otro pero también los tuyos. Es buscar un equilibrio entre cuidar y cuidarte. Es saber cuándo estamos o no estamos disponibles para ayudar. Es saber cuándo necesitamos algo. Es saber expresar lo que nos duele sin herir nosotros al otro.

¿Cómo poner límites sin culpa?

  1. Reconoce tus propias necesidades. Antes de decir que sí, pregúntate: ¿estoy disponible para esto? ¿me apetece? ¿lo estoy haciendo porque me nace o porque me siento en la obligación? ¿qué necesito realmente?
  2. Habla con firmeza pero con empatía y respeto. Poner límites no implica discutir ni elevar la voz, pero tampoco tener que dar mil explicaciones sobre nuestra decisión.  Expresa lo que necesitas desde la calma y dando una explicación breve, sin atacar y sin justificarte.
  3.  Acepta tu incomodidad. Si nunca has puesto límites, es normal que las primeras veces sientas miedo o incluso culpa. Eso no significa que estés haciendo algo mal, sino que hace falta tiempo para integrar esta nueva forma de actuar.
  4. Recuerda que no eres responsable de la emoción del otro. A veces, cuando las personas que nos rodean no están acostumbradas a que pongamos límites, pueden sentirse molestas cuando empieces a hacerlo. Esa gestión del malestar les corresponde a ellos. Tu responsabilidad es expresarte de la forma más respetuosa y clara posible, no cómo reaccione el otro.

Si aún así tienes muchas dificultades para poner límites sin miedo o culpa, la terapia psicológica puede ayudarte a trabajarlo.

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Cristina López

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